martes, 16 de junio de 2020

Capítulo 25

Ninfa está como loca, Ernesto le ha dejado una carta para que la entregue a las autoridades confesando toda la verdad si llegara a pasarle algo.
--¡Dios mío! ¡La carta que dejó don Ernesto! ¡La perdí! ¡Con los nervios no recuerdo donde la puse! ¡Perdóneme don Ernesto, pero no recuerdo donde dejé esa carta!

Adolfo está atormentado y no deja de recordar lo que le dijo el doctor.
--¡No, no puede ser! ¡Esto no me puede estar pasando! ¡Simón es mío, mío y de nadie más! ¡No, no puedo pensar eso, Simón  es mi hijo! ¡Simón , Simón ! ¡Me estoy volviendo loco!
Adolfo siente una gran angustia. Siente que se ahoga. Se lleva las manos al corazón.
--¡Tengo un mal presentimiento! ¡Simón  me está necesitando!





Al día siguiente, Adolfo está desnudo en la ducha. El agua lo relaja. Cubre su cuerpo de jabón. El agua desliza por su desnudo cuerpo. Se da cuenta que Tomás lo está mirando. Está excitado. Se toca el paquete. A Adolfo no le gusta la lujuria que ve en los ojos de su amigo. Se cubre con una toalla. Tomás lo mira con deseo.
--me sé tu cuerpo de memoria.
--debí cambiar la cerradura.
--no seas así. Te he echado de menos.
--eres tú el que te has distanciado de mi. No quieres que sepan que fuimos amantes.
Adolfo va a su habitación. Tomás detrás.
--siento que Cristina o mi hijo pueden hablar en cualquier momento. Pero te echo de menos.
Adolfo queda desnudo. Está de espaldas. Tomás está ardiendo y le acaricia la espalda con deseo. Adolfo se aparta de él. Tomás lo desea. Siente celos.
--¿qué pasa que te reservas para el culito tragón de tu hijo?
Adolfo, furioso, lo tumba de un puñetazo.
--¡¡eres un imbécil, no vuelvas a hablar de mi hijo¡
Desde el piso y tocándose la mandíbula, Tomás le dice:
--vine a hacerte un favor. Mi suegra está hospitalizada y Luisa se encontró con que trajeron a Simón. Sufrió un infarto. Está en la clínica Quirón.
Adolfo siente que se le para la vida. 
--¡por un diablo¡¡ ¿porque no lo dijiste de entrada?
Adolfo siente una gran angustia. Agarra su ropa y se va vistiendo camino a la puerta . Tomás se queda solo. Se tumba en ese cuarto donde tantas veces hizo el amor con Adolfo. Donde Adolfo hizo el amor con Simón. Tomás se desabrocha los pantalones. Se excita recordando los cuerpos desnudos de padre e hijo y se masturba imaginando que se acuesta con los dos a la vez. Esa fantasía lo hace arder. Es un volcán que no tarda en entrar en erupción 

Adolfo llega a la clínica angustiado. Esta desesperado. Habla con su médico. El corazón de Simón está débil pero ha superado el infarto. Adolfo se siente aliviado. El médico le explica tal y como están las cosas.
--Su hijo es adicto a sustancias muy peligrosas, yo le recomiendo que lo ingresen a un centro especializado.
--¡pero se suponía que estaba bien¡
--pues yo le digo que no. 
Adolfo da un puñetazo a la mesa:
--¡me mintió¡¡¿por qué el doctor Vidal me mintió¡
El doctor trata de animarlo:
--su hijo lo necesita fuerte, es muy duro lo que se le viene encima.
--quiero verlo --dice con un hilo de voz.
--si claro, ahora la enfermera le dice en que cuarto está.

Mientras Adolfo espera, Gustavo lo ve. Se preocupa.
--esto no me conviene para nada, este patán lo puede arruinar todo.
Gustavo se acerca a él desafiante.
--¿¡que haces aquí?¡ ¡mi esposo no te quiere ver¡
--¿tu eres el marido de Simón ?
--Sí, soy yo y mi esposo y queremos vivir este duro momento solos -dice con un falso dolor.
Y aunque le quema decirlo dice;
--¡Yo soy el padre de Simón ¡
--¡pero te acuestas con él ¡Ya deja de perseguir a Simón. Él quiere olvidar que fue tu amante. Déjalo en paz¡
Se oyen murmullos de sorpresa, Adolfo se siente mal por las miradas inquisitorias de quienes le rodean.
--No lo digas tan fuerte.
--¡si claro, es una verdad muy sucia¡
Adolfo empuja a Gustavo  hasta el baño para que hablen tranquilos.
-- yo lo único que quiero es que Simón  sea feliz. Yo le pagué un tratamiento para destoxicación y me han dicho que está peor que nunca.
Gustavo lo mira con un falso llanto:
--Yo he hecho todo lo posible. Salió de la clínica como nuevo y te juro que yo lo cuidaba pero no sé cómo conseguía droga.
--Yo lo puedo ayudar.
--¿acostándote con él? -le reprocha Gustavo.
--¡No me lo recuerdes¡ --dice con culpa.
--¿y cómo olvida un padre el haberse acostado con su hijo? Yo no estaría tranquilo teniéndote cerca de mi marido  porque sé que en cualquier momento podrías intentar violarlo.
--nunca le haría  daño, quiero verlo --suplica lloroso.
--¡vete o me obligaras a contarles a todos que eres el padre y el amante de mi marido ¡
--¡no me hagas esto, quiero verlo aunque sea de lejos¡
--¡Simón  es una drogadicto, y seguro que si te ve va a querer seguir con vuestra sucia relación¡¡¿así es como lo quieres ayudar?¿convirtiéndote en su amante? Yo estoy haciendo mi mayor esfuerzo para ayudarlo pero tú presencia recuerdas constantemente a Simon su mayor vergüenza. A tu lado nunca se recuperará. Es tu hijo y si lo quieres ayudar vete y no vuelvas.
El rostro de Adolfo se llena de culpa y vergüenza. Gustavo le pone la manos en los hombros. Le habla fraternalmente. Sabe fingir muy bien.
--sé sincero Adolfo, mi esposo está muy mal y lo que necesita es un padre que le dé amor de padre, si tú me juras que no lo verás como hombre sí podrás verlo. ¿pero no es así, no?
Adolfo no puede más con los remordimientos y acaba dejando el lugar. Gustavo sonríe maliciosamente.

Simón  está en su habitación muy inquieto. Necesita droga y quiere ver a Adolfo. Tiene un ataque de ansiedad. Gustavo entra con las enfermeras y el doctor.
--todo es culpa de su padre, él lo violó y por eso mi esposo está así. No quiero que Adolfo Vega se acerque a mi marido. Miren en qué estado le dejó la visita de ese mal hombre --dice Gustavo con una falsa tristeza.
Todos compadecen a Simón , le dan un calmante y se queda dormido.

Adolfo deambula por las calles, destrozado. Piensa en cuando hizo el amor con Simón.  No se saca de su mente ni sus besos ni sus caricias ni todas esas sensaciones que se le han quedado grabadas en su corazón. Está muy atormentado.
--¡te tienes que alejar de Simón, le has arruinado la vida. Tal vez su marido lo pueda hacer feliz, si ellos se casaron sería por que Simón cree que puede ser feliz con él . Será mejor que me aleje de sus vidas, que olvide lo que pasó¡
Lleno de dolor y celos Adolfo cruza la carretera sin mirar, un coche se le tira encima y lo arrolla.

Capítulo 24




Adolfo va a la escuela de su hijo para verlo. Emilio está ya con la profesora, no quiere ver a su padre y la profesora impide que se vean. Adolfo se enfrenta a ella.
-- ¡yo soy el padre del niño, no me puede prohibir que lo vea¡
- ¡claro que puedo, usted es un degenerado... ya sé que tiene como amante a su propio hijo¡
Oír eso le hace daño.
-- ¡las cosas no son como parecen, si yo le contara¡
-¡es usted un pervertido, su esposa lo debería denunciar. Si no se va ahora mismo llamo a la policía.
--¿bajo que delito?
--¡no sea cínico, le parece poco abusar de su hijo?¡si se acerca a esta escuela lo voy a demandar, depravado, cochino, enfermo¡
Adolfo se queda viendo a los niños esperando ver a su hijo. La profesora lo echa de ahí a patadas y él se va triste.

Marina prepara el desayuno a su marido y le pone una gota en el zumo. Luego se lo lleva y contempla muy amorosa como se lo bebe todo. Sus ojos brillan de maldad.
.
Esa misma tarde, Adolfo casi sin darse cuenta se está arreglando y perfumado como si fuera a una cita amorosa. Él mismo se reprocha su comportamiento.
--¡vas a ver a tu hijo enfermo, ¿cómo te puedes comportar así?¡Cristina tiene razón en querer alejarte de tu hijo, eres una mala influencia, manchas todo lo que tocas. Aunque me duela Emilio estará mejor si no me ve, será un niño sano y feliz.
Aunque se quiere auto-convencer que su preocupación por Simón  es como padre no puede evitar que la sangre le hierba de deseo al pensar que volverá a ver a su amado Simón . Sus besos y sus caricias están grabadas a puro fuego en su piel. En su alma.

El doctor Vidal reprocha a Gustavo el estado en el que ha traído a Simón .
--¡está totalmente drogado¡¿que le has dado?¿¡es que lo quieres matar?¡dónde tenías a este chico?
--¡tú no eres el más adecuado para darme lecciones de moral¡
--¿y que le digo al padre?
--Pues que el caso es difícil, le dices que saber que él iba a venir le puso nervioso porque lo odia y empeoró, que no debe volver a verlo hasta el tratamiento finalice ¡
--¿y después?
--pues cuando tu creas que es creíble le dices que está muy bien, feliz y que se fue con su marido. Debes recordar que sólo en ese momento Adolfo debe saber que Simón  está casado.
--No está bien engañar al pobre padre.
--¡Lo mismo digo yo... el padre de la chica  que murió por tu culpa debe haber sufrido mucho y le encantaría saber la verdad¡
El doctor Vidal calla y Gustavo ríe con maldad.

Adolfo llega a la clínica con un nudo en la garganta. Se le cae el alma a los pies al ver a Simón  en ese estado. El rostro de Simón no tiene vida. Parece un cadáver. Está inconsciente. Lo abraza llorando.
--¿¡qué le pasa a Simón  doctor?¿porque está así¡
Aunque le duele engañarlo, el doctor le cuenta lo que quedó con Gustavo:
--se enteró que usted iba a venir y se puso mal, le tuvimos que sedar. No deja de decir que lo odia, lo siento pero no le voy a permitir que vuelva.
Adolfo acaricia la mano del chico  y se estremece. Le besa la mano llorando:
--¡no puede impedirme que lo vea¡ tengo mis derechos.
--¡claro que puedo, usted no es su padre legal y además es lo mejor para el paciente ¡ ¡ya no tiene caso que siga aquí¡
Agarrado de la mano de su hijo y con ojos de sangre, Adolfo le ruega que no lo corra pero el doctor es inflexible. Adolfo se acerca al rostro de su hijo, el deseo lo llama, desea besarlo en los labios pero le da en tierno beso en la frente.
--¡no importa lo que me cueste pero vas a vivir, vas a vivir yo te voy a devolver la vida, Simón ¡ --quiere llamarlo hijo pero no puede, le sale un 'mi amor' que se traga. 
Adolfo no quiere irse, quiere quedarse al lado del chico , su corazón le dice que debe quedarse. El doctor casi lo empuja para que se vaya. Adolfo en la puerta mira al chico  con ojos de sangre. Luego se dirige al doctor.
--cuidelo, cuidelo como si fuera su hijo.
La culpa lo destroza al doctor pero no dice nada y deja que Adolfo se vaya triste pero convencido que está curando a su hijo.

Meses después...
Marina está en casa de Gustavo vestida  de negro. Lleva velo y todo que él le saca con deseo. La va desnudando y la tira sobre la cama.
--siempre quise hacerlo con una viudita y más el día del entierro de su maridito.
Marina ríe:
-- todo salió bien, nadie sospechó nada y soy libre, libre.
La pareja da rienda suelta a la pasión. Después hablan.
--ya falta menos de un año para que Simón  tenga 21 años, que ganas tengo ya que acabe todo esto y te tengo que felicitar por lo bien que ha salido todo... y es que ese niño ni se nota que está aqui... ¡lo tendrás todo el día drogado no?¡
-- otro médico amigo mío sin escrúpulos lo va visitando y ayuda a que su salud no empeore más de la cuenta.
--¿y se enterará de algo? Simón  digo.
--No sé yo no le preguntó.
--Da igual, no saldrá de aquí vivo. Pronto se reunirá con sus padres. 
La pareja hace furiosamente el amor. Simón está encerrado en el armario.  En ese cuarto. El amor de Adolfo le  ha ayudado a no volverse loco. Se ha imaginado que él no es su padre y que pronto estarán juntos y serán felices. Esos pensamientos que no siempre puede alimentar son los que lo salvan de todo el infierno que está viviendo. Generalmente vive ajeno al mundo. A veces se da cuenta de algo 
--Mi papá, ¿murió?¿Ernesto?¡¿que le habran hecho esos dos?¡
El chico  llora atormentado.

 Adolfo espera ante el despacho del doctor Vidal. Está muy ansioso por saber de Simón .
--¡por fin se digna a recibirme¡¿¡como está Simón¡
--Señor Vega si no lo he recibido antes es porque no tenía la obligación y porque su hijo me pidió que no lo hiciera, Simón lo ve como un peligro y yo creo que es cierto, que es mejor que no se vean.
Adolfo se traga su dolor:
--¿pero cómo está?
--Muy bien y feliz, salió del país con su esposo.
Eso se clava en el hombre como un puñal.
--¿esposo? Simón  no tiene esposo.
--claro que sí, 
De su cajón saca una copia del acta de matrimonio. Adolfo lee con el rostro desencajado. Es una puñalada directa a su corazón.
--pero ¿quién demonios es este tal Gustavo?¡
--si su hijo no ha querido que lo sepa por algo será .
El doctor se levanta para irse, atormentado por los celos y la angustia, Adolfo va detrás de él para sonsacarle el paradero de Simón sin lograrlo.


Mientras Simón sigue en el armario. Cuando están solos, Gustavo lo saca y lo tira en la cama. Sin mordaza pero atado de pies y manos.
--¡eres un cerdo, no me vas a volver a tocar¡¡yo amo a Adolfo¡
--¡pero él te olvidó y le da igual si vives o mueres¡
El dolor lo hace vulnerable. Gustavo le muestra una pastilla.
--ya sabes que si no hay sexo no hay pastilla.
Simón  se deja llevar por la adición y satisface las perversiones sexuales de su marido. Después se toma la pastilla y antes de que él lo amordace le grita:
--¡eres un cerdo, no te va a salir bien, te voy a meter en la cárcel ¡
Gustavo lo calla con un trapo, Simón hace un esfuerzo por gritar y de pronto se ahoga. Siente un fuerte dolor en el pecho que Gustavo reconoce. Simón  está sufriendo un infarto 

Capítulo 23


Simón  se lleva una terrible decepción al encontrarse con Gustavo.
--¡Eres tú!
 ¿Lo esperabas a él? ¡Hubieras preferido que viniera Adolfo! ¿Verdad?
--¡Sí! ¡Pero no ha venido, él es un miserable al que nunca le importé para nada!
--¡Él sabe que estás aquí! ¡Le supliqué que viniera a verte y me dijo que no le interesas, que por él te puedes morir si quieres y que si eso llegara a pasar sería su liberación!
Simón  sufre una fuerte crisis 
--¡¡Es una basura, un maldito, un miserable de lo peor! ¡Lo odio! ¡Lo odio y lo desprecio con todo mi corazón!
Gustavo se finge preocupado ante las enfermeras que van llega:
--que mal está. Se puso así de repente.



Adolfo vuelve a su departamento y se atormenta por los recuerdos.
--¡Otra vez de regreso a la casa! ¡Cuántos recuerdos! ¡Simón ! ¡La última noche que pasé aquí! ¡No, no puedo recordar esas cosas!
Adolfo se tumba en esa cama. La última vez que lo hizo fue para hacer el amor con Simón. El aroma, las huellas del chico están siempre en su cuerpo y eso lo atormenta. Ama y desea a su hijo y eso lo está matando. Se estremece en esa cama. Cada pensamiento, cada beso que se dieron, cada caricia es una puñalada. Fue lo peor y lo mejor que le ha pasado en la vida. Odia recordar ese momento pero no quiere olvidarlo porque nunca fue tan feliz como esa noche en la que hizo el amor con su hijo.

Gustavo llama a Marina por teléfono. Celebran que sus planes estén saliendo tan bien.
-¡Esta misma tarde podemos ir a buscar a Simón  a la clínica donde está y llevarlo con el doctor Vidal!

Adolfo está medio desnudo en su cama pensando en Simón . Siente que las sábanas huelen a él. Todo huele al chico en esa cama . No puede dejar de pensar en cuando hicieron el amor y se estremece todo.
--¡esto es enfermizo, no puedo seguir con esto¡
Sobre la mesita hay una foto de su hijo y su ahijado. La besa con cariño:
--perdoname hijito, sé que te estoy descuidando pero tal y como me siento no soy capaz de cuidarte. Además tú tienes a tu mamá y no me necesitas. Simón  sólo me tiene a mi, si yo no lo ayudo se me muere, se me muere.
Adolfo se levanta y se va a dormir al sofá. No puede dormir en esa cama que le trae tantos recuerdos. Pero los recuerdos lo acompañan siempre y lo atormentan. Llora. Se golpea el pecho:
--¡tengo que matar este sucio amor que nunca debió nacer¡¡así no podré ocuparme de mi hijo¡¡tengo que sacarlo de las garras de la maldita droga y tal vez así logremos aprender a vernos como padre e hijo¡
El rostro del hombre se llena de lágrimas. Vibra de deseo. Cada poro de su piel ama a Simón con una intensidad que jamás sintió antes.  Llora sangre



Cuando Ernesto duerme, Marina se refugia en el departamento de Gustavo. Hacen el amor como bestias y después hablan. Simón está drogado y atado en la bañera.
-- aún me sorprende que tengas tantos contactos.
--¿a qué te refieres? 
-- Bueno, pues que el doctor Vidal come de tu mano y también conoces al otro médico, el de la clínica esa para marginales de donde sacastes al drogadicto.
-- bueno es que mi padre es uno de los cardiólogos más prestigiosos del país y por eso conozco a muchos médicos.
--nunca me dijiste.
-- Nunca preguntaste.
-- Tienes razón hay mucho que no sé de mi.
Él la mira pícaro:
---conoces mi cuerpo, no todas tienen el gusto.
--Y no me vas a contar nunca lo que tienes para que el doctor Vidal haga lo que tú quieras?
Gustavo se le ríe:
--el descarado mató a una paciente, la operó medio borracho y casi sin dormir. Mi padre lo tapó diciendo que la chica  padecía del corazón pero estaba más sana que tú y yo juntos.
Marina sonríe con maldad.
--Ahora entiendo, claro si esto se sabe perdería su licencia, su prestigio ¡eres brillante¡
Gustavo sale de la cama totalmente desnudo. Marina lo admira con deseo. Él le da un frasco.
--¿y qué es esto?
-- para que veas que yo aprendí de mi padre. Son gotas para el corazón, una gotita y te salva la vida, pero si te pasas la dosis…
-- le pondré todo el frasco, me tiene harta ya ese vejestorio.
--eres tan bella como burra, ¿es que quieres ir a la cárcel por asesina?
-- ¿y entonces?
-- ponle una gota cada semana, luego día sí día no, luego cada día. No sabe a nada y si se lo mezclas con licor pues mejor, poco a poco le creará una enfermedad del corazón sin que él se entere y morirá, será una infarto.
Marina besa el frasco.
-- Cuando el viejo muera tú y yo seremos los únicos encargados de administrar el dinero de Simón .
--¿Lo ves como sirvo para algo más que hacerte el amor?
--eres delicioso y perverso...
--como tú. Eso de drogar a tu marido para poder visitar a tu amante pero así hará mayor efecto las gotas ...
Ríen. Se besan ardientemente.

Capítulo 22







Adolfo se da cuenta de su error, se queda paralizado. Cristina empieza a golpear a su exmarido con rabia.
--¡eres un depravado, un desgraciado... te acuestas conmigo y me llamas por el nombre de tu hijo¡
Adolfo se lleva las manos a la cabeza:
--¡te necesito, necesito que me ayudes a borrar su recuerdo... necesito hacer el amor contigo¡
--¡pues yo ahora soy yo la que no quiero. Esto sí que no te lo perdono, ve a vivir con tu hijo, son los dos tal para cual¡
Cristina se levanta y cuando su ex marido se le quiere acercar ella lo abofetea y lo insulta.
--¡no me toques con estas sucias manos con lo que tocaron a ese asqueroso ¡
--¡lo siento pero tampoco ofendas a Simón ¡
--¡desgraciado, no te voy a perdonar en la vida¡ --Cristina.
--¡fue un lapsus, no sé que me pasó¡
--¡¿quieres que te lo diga yo?¡ ¡amas a tu hijo, a pesar que es tu hijo la amas, piensas en él a cada momento, no me quieres hacer el amor a mi porque sólo piensas en él...¡¡te odio¡Eres un joto¡ peor un depravado¡¡
--¡calmate, no grites, vas a asustar al niño¡
--¡No hables de mi hijo, Emilio no tiene padre, no quiero que agarre tus mañas¡ es que no sólo te has acostado con tu hijo sino con Tomás que es como tu hermano.
El pequeño entra en ese momento llorando y muy asustado.
--¿lo ves? Lo despertaste --Adolfo.
--¡fue culpa tuya¡ --Cristina.
--¿por qué gritan tan feo? –pregunta el pequeño muy triste.
El desnudo Adolfo se acerca a él, se pone de cuclillas y lo abraza con cariño:
--vamos, vamos a la cama, ya es muy tarde --Adolfo.
--¿por qué se pelean tú y mi mama?¿te vas a volver a ir? –Emilio.
--No claro que no, no pasa nada . Todo está bien. ¿verdad? –Adolfo.
--¡no seas mentiroso, dile a mi hijo la verdad, dile que ya no nos quieres, dile que tienes a otra persona, dile ¡quien es tu amante¡
Adolfo mira a su ex esposa molesto, Emilio se separa de él llorando.
--¡pues si tu ya no me quieres yo tampoco te quiero¡
el niño se va corriendo. Adolfo lo iba a seguir pero Cristina le agarra del brazo para que no se le acerca.
--¡tenemos que hablar con el niño, no lo metamos en nuestras broncas¡
--¡esto se acabó Adolfo, no quiero que te acerques a mi hijo, no quiero que lo veas nunca más¡
--¡yo soy el padre, no me puedes hacer esto¡
--¡claro que puedo, ¿qué crees que diría un juez si le explico que el padre de mi hijo se acuesta con su hijo mayor?
Adolfo mira molesto a su ex esposa:
--¿¡tú no me harías esto, verdad?¡
--¡no me obligues¡¡te puedo hundir a ti y a Tomás¡
--mira sé que me he portado mal pero por el bien de nuestro hijo...
Cristina lo interrumpe:
--¡es por el bien de él que no quiero que te le acerques, te he querido mucho Adolfo pero se acabó, te voy a olvidar, te voy a arrancar de mi corazón¡¡vete de mi casa y no vuelvas¡¡
ella lo mira entre lágrimas y a él le da pena. La quiere acariciar pero ella no se deja. Le golpea.
--¿estás segura que lo que quieres es que me vaya?
--¡así es y no quiero que vuelvas... ocúpate de tu hijo el degenerado que buena falta le hace, si regresas, si te acerques a mi hijo te acusaré con un juez y te sacara la patria potestad... no me obligues a actuar de mala manera¡
Adolfo la mira triste:
--esta bien. ¿puedo despedirme de él?
--Por favor, vete, vete ya.
Adolfo sale de la recámara triste y desnudo. Lleva la ropa en la mano. Cristina se pone a llorar. Cuando oye la puerta de la calle se mira al espejo y se seca las lágrimas.
--¡se acabó Cristina, ningún hombre merece que te humillen. Debes arrancarte del corazón a este cretino¡
Adolfo está en el auto. Golpea el volante con rabia. No deja de pensar en la noche en la que hizo el amor con Simón,. Es un sentimiento que lo ahoga y lo atormenta.
--¿porque no te puede olvidar, porque no te puedo olvidar?

Mientras Simón  está delirando en la clínica. Nadie sabe quien es. Simón  no hace más que repetir un nombre con desesperación y angustia: el de Adolfo.


Al día siguiente, Tomás y Adolfo hablan en su despacho. Adolfo está desesperado.
--¡no me puedo sacar a Simón  de la cabeza¡ --le dice.
Tomás lo mira con cara de degenerado pensando en la noche que estuvieron juntos. Adolfo se molesta con él:
--¡ojo con lo que piensas o lo que vas a decir¡
--bueno, calma... ¿qué vas a hacer? ¿vas a dejar a Cristina?
--No es justo para ella, no le puede cumplir como hombre, volveré a mi depa.
--¿Así que desde que tu y tu hijito...? –dice con cara de pervertido.
--¡no seas payaso que la cosa está grave¡
--¡ni que yo tuviera la culpa de que no te sepas sostener los pantalones¡
--¡si sigues en esas nuestra amistad se acaba aquí¡
--ya no te enojes.
Adolfo está molesto y le dice:
--y no creas que tú te libras. Tanto tu hijo como Cristina saben que fuimos amantes.
A Tomás se le borra la sonrisa del rostro.
--¡¡esto es culpa de tu maldito bastardo¡En mala hora lo metiste en nuestras vidas.
Tomás se va furioso. Adolfo se lleva las manos a la cabeza. Suena el celular de Adolfo y la cara del hombre se ilumina.
--voy a ver a Simón , voy a ver a Simón.

Gustavo irrumpe en el despacho de un médico a pesar que la enfermera lo quiere evitar. 
-el doctor Vidal siempre tiene tiempo para mi.
Al hombre no le gusta estar en manos de ese chico pero lo escucha. Gustavo se sienta y pone sus pies sobre la mesa y le cuenta sus planes.
--no pienso hacer eso. No voy a decir que estoy tratando a alguien que ni está en la clínica.
-- ¡a mi no me vengas ahora con moralismos¡¡tú me debes mucho, me debes mi silencio¡¡fue muy grave lo que tu hiciste... tu pasado es muy feo¡
--¿hasta cuándo me vas a chantajear?
-- ¡hasta que a mi se me dé la gana¡
El doctor lo mira resignado.

Marina y Gustavo esperan a Adolfo en la puerta de una clínica.
--vaya, esto parece una clínica buena. Tu amigo es un médico importante –Marina.
--Ahora las cosas le van muy bien y me debe un buen favor.
--¿y no me vas a contar lo que sabes de él?
--tal vez otro día.
--bueno... tú quédate en el auto, no quiero que nos vean juntos.
Los dos se besan y Marina queda sola. Adolfo llega en este momento.
--vaya, esta clínica parece buena ¡espero que ayuden a Simón ¿dónde está e? Quiero verlo.
Marina lo mira con deseo. Se cuelga de su brazo y entran a la clínica.

Gustavo sale a dar una vuelta mientras espera a Marina. Entra en un bar. Hay un noticiero especial. Hablan de un chico que ha entrado en un centro  de beneficencia para drogadictos en muy mal estado y nadie sabe quien es. Sacan una foto que le han hecho y Gustavo sonríe al ver que es Simón 

El doctor Vidal habla con Adolfo, le explica del supuesto tratamiento de Simón . Adolfo está muy desesperado, insiste en verlo.
--está incomunicado, es parte del tratamiento –doctor.
--pero está bien ¿Simón se va a poner bien?
--eso no depende de mí, sino de él.
Gustavo está muy preocupado, Marina se hace la preocupada pero está feliz porque todo ha salido como ella quería. 
Los dos salen al exterior, Marina no le deja de coquetear pero Adolfo no cae en ninguna de sus provocaciones. Marina lo mira con deseo :
--me gustas, me gustas mucho.
Lo besa de sorpresa, él se aparta. Está alterado. Ese culo le vuelve loca y le clava las uñas.
--ya deja de comportarte como una golfa o pensaré que no eres la adecuada para ocuparte de Simón. ¿Dónde está su padre?
--no lo quiere. No es su padre. Pero yo amo a Simón. Sólo me tiene a mi.
--pues Dios lo ayude.
El guapísimo hombre se va dejándola muy sofocada.


Mientras, Gustavo llega a la clínica donde está Simón .
--yo soy el esposo y me lo quiero llevar a una clínica privada –dice.
La enfermera lo conduce hasta el director de la clínica. Gustavo no puedo ocultar su satisfacción.

Simón  está muy alterado y no deja de llamar a Adolfo. Una enfermera trata de calmarlo.
--¡Me quiero ir de aquí! ¡Odio los hospitales, yo no estoy enfermo!
-- Pronto vas a salir de aquí. Hay alguien que vino a buscarte!
Simón  se pone feliz.
--¡Adolfo, es él! ¡Adolfo, Adolfo ha venido a buscarme! ¡Adolfo, quiero ver a Adolfo!
En ese momento entra Gustavo.
--¡Lo siento, pero no soy Adolfo! ¡Soy Gustavo!